Villaventana el 1º de Mayo

A veces el humor del alma coincide con el clima… oscuro, frío, tenebroso, solitario, lleno de dolor y, también, lleno de hermosura.
Porque la belleza de la vida es tan fecunda que logra levantar su tienda hasta en los días de luto. Tal vez por eso llegamos y sintonizamos sin esfuerzos con el viento y con la lluvia.
La gente se va, todos se van, nos vamos… ¿cuando?, nos vamos hoy.
Mejor dicho, ahora.
Y hay que explicar lo obvio, porque la contaminación ideológica alcanza incluso a la inversión que, tristemente, hacemos en inasibles e inexistentes pasados y futuros.
Porque no moriré en el futuro: cuando muera ni siquiera será hoy: será ya, ahora.
Y así todo, todo, todo lo demás.
Ahora tendré el examen, ahora haremos el amor, ahora vendrán los amigos, iremos al cine, tocaremos las guitarras, lloraremos juntos… ni mañana ni ayer.
Del mismo modo en que se mudan y transmutan las ideologías en nuevas y más libres, la hipérbole fotográfica va desde la negrura aplastante del cielo encapotado hasta el fuego de la estufa rusa, rojo y caliente, así de simple, así de no planeado.
Luego, pastas en Da Roberto, el mejor restaurante italiano de todos los restaurantes italianos que conozco.
Y al final de la noche terminamos en la cucha, abrazados, escuchando ese silencio construido solo con los materiales sonoros aportados por la lluvia en el techo y el crepitar de las llamas.

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