La confusión de la palabra “patria” -en el día de la patria-

Cuantos modos hay de festejar el día de la patria es algo que no me suelo preguntar. Tal vez porque el abstruso -para mí- concepto de “patria” me lleva el sentir para el lado de las cucardas militaristas, los fusiles apuntando hacia dentro, las cantinelas antisemitas y los himnos de la escuela primaria repetidos hasta la disolución mental, ¡firmes, alumnos! y a tomar distancia que viene el palazo en la nuca y el libro de disciplina; o hacia las alpargatas y los chambergos camperos rascando la guitarra en la estancia del rico patrón terrateniente que suele disfrazarse de gaucho antes de salir a exterminar a la indiada… no, no me gusta esa patria, me atemoriza, me quita el hambre, me da asco. Ni me gusta la patria que suelo escuchar chillando a través del parlante de la radio y la TV, vendiendo todo y todas las cosas por un puñado de plata, o de oro, que es lo mismo, o de ¡poder!… poder que siempre, siempre, siempre termina en una bolsa o un bolso o un baúl o caja de seguridad o cuenta bancaria repleta de kilos y kilos y kilos del otrora, por Cristo, condenado vil metal. Eso no es patria, para mi. Patria, también, es confuso como “iglesia”… ¿que es la patria?… ¿la gente?, ¿los índices?, ¿los cementerios?, ¿el hospital?, ¿la cancha?, ¿el gobierno?… ¿la iglesia es las paredes, la bandera amarilla y blanca, el Papa, la comunión o el cura villero que moja un pan en leche rebajada para que el pibito enfermo de inanición algo coma, por lo menos por hoy, y no reviente de hambre hasta el día de mañana?
No se que es la patria. Sé lo que es la calle. Sé que es caminar el conurbano, sé cómo se festeja la patria, pongamos, en la lejana Loma Hermosa, o en la bella Villa Ballester -me dirán: “¡Che, que es acá nomás todo eso!”, si, desde mi casa son unos diez o quince kilómetros. La diferencia es que hasta allá yo no voy en tren, voy a pata.
Caseros, Santos Lugares, Villa Bosch, San Martín, San Andrés, Villa Maipú, José León Suarez, Villa Martelli, carapachay, Villa Adelina, por decir algo. Patria. Y la Panamericana y más allá, mucho más allá. Patria. Bares, plazas, calles, cielos, vías, trenes, gente… gentes de a pié. Patria. El sol empezando por el este y terminando en el oeste, y luego Júpiter y la estrella del ocaso como una lámpara empotrada en los cielos estrellados del sur del mundo. Patria.
Puedo caminar, gracias a Dios. Yo te cambio todos los himnos, todas las banderas, todos los uniformes, sean de milicos o de escuelas, todos los escudos y todas las armaduras y armamentos del planeta por el ejercicio de mis dos piernas, por poder salir a la calle y completar el mapa, por encontrar un nuevo sucucho en donde sentarme con mi chica a comer un bife o una porción de tarta. O un locro. Sí, un locro.
Porque al final era 25 de mayo, el día de la patria. Y salimos a caminar, que aún es gratis.

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