El color, el templo

Nada como la flor, el cielo y la llegada de la primavera -y el atardecer- para el color perfecto.
Lujurioso color, lujuriosa textura, entrega, apertura, polisexualidad femenil de bichitos revoloteando con una inocencia infinita alrededor de la vida.
Y si no hay inocencia… ¿qué?
¿Acaso la vida no construye sus cimientos en el barro?
Así el Loto, bebiendo su belleza directo desde el légamo.
El templo perfecto, la flor… sin exigencias.
Luego, todo lo demás.
Y muy lejos.

El color, el templo

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