Maricones, cobardes y traidores

Me dan asco, todos –y todas, diría la Reina de las Conchudas… ¡a que hemos llegado en este país!-, pero más asco me dan ellos, sosteniendo ese mugriento cartelito con carita de superados y afligidos… ¡asco!
Es porque son una manga de cobardes; ningún hombre que se precie puede, jamás, jugar una carta tan humillante. ¡Ninguna mujer, en absoluto, se denigrará a semejante deshonra a favor de un hombre!, y dejemos de lado que son todas una manga de furcias. ¡Hombres!, Sí, defienden a un corro de atorrantas, ¿las violan? ¡por algo será!, ¿las matan? ¡están para eso!, todas son unas busconas meretrices mama vergas, hasta mi madre y mis hermanas lo son: putas.
Y una mujer tiene que serlo ¿no les gusta, acaso, que les metan un chorizo por el culo? ¡hay que ser puta! ¿no sueñan con un gran cañón-derrama-leche escupiendo semen caliente en el fondo más profundo de las tripas? ¡que atorrantas!, y si es de a varios y a los golpes, mejor.
Que putas son. Ya lo dijo Salomón ¡está en La Biblia!: “las mujeres son más amargas que la muerte”…
Y me hablan de culpas… ¡no me hablen de delito!, ¡no a mí!.
“Conchita”, me llamaba Gladys… -Conchitaaa, a lavar la ropaa-,
-Conchitaa, a planchar bombachas-
me decía la muy yegua. Y lo último que dijo, sonriente:

-Andá a limpiar telarañas, dale mariquita, que los trabajos de conchita son los que mejor te salen-.
A ver ahora quién es conchita, puta de mierda ¿quién era el macho al final? ¿eh?
Y las dos pibas… brujas, perras, víboras… casi eyaculo en cada disparo, fue una especie de violación final, mi pija de metal trepanando sus tetas como un miembro de plomo viajando a la velocidad del rayo, horadando la carne, incendiando sus vaginas, desgarrando la piel, la pulpa y las glándulas, ¡todo!… ¡putas, ahí tienen!… cuando Cecilia me preguntó chillando -¡qué hiciste, hijo de puta!, ni hablé. Dejé que hablara el arma. Y fue un discurso terminante, lírico.
Y a mi suegra… la tuve que matar ¿cómo no iba a liquidar a mi suegra?, ¿qué hombre no lo haría?
Si asesinás a todas las mujeres de tu casa porque sentís que vivís en un puto burdel, no podés perdonar a tu suegra, matarla es casi como un deber, una obligación civil, como ir a votar o matar una araña o esperar que cambie el semáforo al verde para poder avanzar.
Hay muchos como yo. Los pibes de Ataque 77 me hicieron un rock. El pelado Cordera me subió al panteón, lástima que me comparara con Monzón –un negro de mierda- y con Locati –un drogón de mierda-… Me gustó la chacarera del negro Fontova, esa sí… ¡que letra, negro!, ¡vos si, juglar, entendés lo que es ser un verdadero macho!.
Pasado un mes exacto desde que hice justicia alguien escribió en el frente de mi casa:
“Ricardo Barreda, odontólogo, especialista en emplomaduras”
Me gustó el grafitti. Y eso que me hincha las pelotas que me escriban en el frente.
Y más y más apoyos por mi causa… radios y canales de TV, todos los machos indignados porque ¡a un hombre no se lo trata así!… Lanata, el Negro oro, Fernando Bravo, Feinmann, Casella, Tinelli, El Baby, varios jugadores de fulbo y DTs… ¡todos a favor!, y las puercas calladitas mostrando el culo, meneando las cachas, que para eso están, calladitas la boca ¿acaso no es un mundo de machos? ¡a cerrar la boca, putas!.
Hasta me hicieron una estampita: “Patrono de los varones oprimidos en el matrimonio”… todos deberíamos tener una escopeta a mano en casa, eso digo, ese es mi consejo de vida. Y convertirnos al Islam.
Y a las que vayan en minifalda y tacones hay que cogerlas. Y a las que manejan también. Y si chillan, hay que matarlas y tirarlas a cualquier alcantarilla.
En fin, el mundo está al revés. Ahora el hombre se vuelve débil y se fotografía con esos mariconcitos cartelitos que rezan “Ni una más”.
Están todos locos… ¿ni una más? ¡son traidores!, putos que están al puto revés.
“Ni una menos”, deberían decir.
Maricones.

barr

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