Una mañana

Se puede llegar, se puede recorrer, se puede elegir la cama, el baño, el horario y que comida comer… se puede caminar, se puede permanecer sentado, mandolina en mano, contemplando una miríada de gallinazos revoloteando en círculos por las alturas distantes mientras se pulsan las cuatro cuerdas triples, bolivianísimas cuerdas triples, como si no hubiese un verdadero apuro, un punto límite, un futuro.
Pero lo hay. Siempre… aunque ese futuro siempre sea un presente -y un regalo-.
Esa mañana es una de las mañanas de la vida. Bella, clara, dolorosa y detenida en la memoria… única. Y sin embargo, como hay un devenir, hay que partir.
Ahora mismo, mientras escribo, estarán esas sillas vacías -o no- frente a esas montañas bajo la luna.

Una mañana

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