Autodiseño

Bauman le puso nombre y apellido:
“Modernidad líquida”.
La falta de significado, tal vez, sea un mal de este siglo; pero basta ver la oscuridad generada por las prohibiciones -y por la muerte inminente- para entender que, tal vez, los vástagos de esta ruptura sean los primeros seres realmente libres que hayan visto la luz del sol.
Sexo, géneros, cultura e inculturación, globalización, tecnología, multiplicación de la memoria… vivimos un período en donde nos diseñamos como “obras de arte vivientes”.
Sin embargo no descreo del Sermón de la Montaña ni de su Autor… pero sí de todo el andamiaje represivo que se ha construido sobre tamaña libertad jamás repetida.
El consumo fagocita todo y lo vuelve mercancía. Y lo vomita. Pasó con el rock, pasó con la literatura… también con el Hijo de Dios.
Ante todo, Dios nos hace libres.
Ese detalle, absolutamente anarquista, revulsivo y punk, echa por tierra todos los dogmas que fatigan las inteligencias que caminan el planeta.
El miedo a la libertad, a ser libre de todos y contra todos, es la única prisión.

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