Domingo helado en dos piernas

La crónica comienza en la madrugada del domingo, con una gran cantidad de moscatel en las venas, pizzas en el sistema digestivo y varios cambios de géneros… (una pizza de crema, hongos portobello y salmón rosado es, al universo pizza, como son las medias de nylon a la masculinidad macho), y así de exquisita.
También estuvieron presentes las muzzarellas de rigor y el film francés, que nos dejó la sensación de que “el cine todavía existe”, luego de tanta filmografía USA de cagada.
Y amaneció el domingo, y salimos a eso de las dos de la tarde, 123, Villa Lynch y dos piernas, polo gastronómico en plena yeca en San Martín, con birras rojas y negras y salchichas alemanas a la parrilla revestidas con panceta ahumada, mostaza muy amarilla y chucrut.
Y frío, y viento helado hasta llegar a Ballester. Buscar un restaurante que acepte débito un domingo es como pretender encontrar la aguja en el pajar, pero tenemos los clásicos ases en la manga: luego de patear decenas de cuadras en busca de nuevas opciones fallidas terminamos en el gran “Pikito”, en Villa de Parque, previo vías del nuevo Mitre, y carnes de cerdo con patatines fritas, pollo a la crema para mi chica y un Santa Julia Malbec muy bien regado, y Charlotte a veces… y a casa. Otra vez el 123.
Podríamos llamar a la crónica: de 123 a 123, pero no: porque empieza en las muzzas y el salmón rosado de la noche anterior.
¿Entonces?

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