Perder el tiempo

No se sabe muy bien cual es la corriente verdadera, si la hay.
A caballo del éxito temprano empezamos luchando por un podio o una bandera, midiendo el tamaño de las culpas para que no duelan tanto, congeniando los aciertos con un mínimo de solidaridad.
Pasaron los años -los años, desde este espacio que hoy habito (¿hoy?) no pasaron: desaparecieron- y las primeras horas de sueño se fueron en pos del trabajo, de los trabajos… Del Trabajo.
Dejaron algo. Dejaron un vacío. El Vacío.
Luego sucede, como en toda vida que se precie, lo intangible, lo irremediable, lo fantástico y lo horrendo. Esos acontecimientos que resquebrajan la solidez del cimiento y hace que tiemblen las paredes de la casa, amenazando el hundimiento.
Difícil que caigan las paredes. Cae uno.
Entonces cambian, o se mueven, los límites de la cordura. Se experimenta a Dios, al éxtasis, a la ruina. Se olvida el podio, la patria, la bandera… se le pierde el respeto a la seriedad. Uno se reencuentra con la brisa, con la tierra, con el zorzal que canta y con el placer primitivo y profundo de la carne y el amor… y ya no se quiere regresar.
Yo no quiero regresar.
Lo que más me gusta es perder el tiempo. Siento, y creo, que es un modo de atesorarlo: perderlo.
Podría elegir mil entretenciones para llenar el finito devenir con algún fantasmagórico propósito -por no caer en la presión de la sortija-… elijo sólo uno: perder el tiempo.
Caminar como si fuera la última vez. Amar como si fuera la última vez. Llorar, reír, encender un fuego, correr, besar, gritar, fotografiar, amasar, beber, rascar una guitarra, cantar y llenarme de angustia como si fuera la última vez. Olvidarme de todos mis deberes y mis derechos como si fuera la última vez… ¿que importan mis deberes y mis derechos si hoy es mi última vez?… ¿que importa “todo”? ¿que significa la palabra “importancia”?
Hasta el lenguaje se vacía de contenido cuando se transita por la senda del ultimátum.
Y sin embargo, uno está acá, todavía.
Este eterno presente que me rodea y que, según mi fe, sólo sufrirá de un cambio de ropas, me acuna y me pide que no olvide que transito mi último día.

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