Buenos Aires delírium trémens

Tercera fase de abstinencia alcohólica; quinta fase de abstinencia silenciosa; segunda fase de abstinencia amorosa; octava fase de abstinencia temblorosa, reventada, recurrente, solidaria, letánica… melancolía, a fin de cuentas: fin del mundo, gente fantasma atravesando la ciudad, esperando la bomba atómica; esa ciudad que aplasta e intimida, atropella, empuja, martilla, envenena, encadena, diluye toda fe, ahoga toda esperanza, enmudece toda sonrisa… sea cual sea.
Estar en contra es no estarlo: no pertenecemos a la nada, respiramos, vibramos; brotan hirvientes pseudópodos directo desde las tripas hasta las yemas globulares de los dedos, brotan alienígenas desde el vientre con ánimos de perdurar, con la intención de escupir en lo sagrado, de asesinar la calma y la entrega. El tórax de la ciudad es destrozado desde adentro por cien millones de bichos multigénero desprovistos de toda piedad.
Y a la puerta del teatro -un poco de realidad nunca viene nada mal- fuiste llegando muy despacio… como la brisa, como la bruma y la niebla, como la imparable inundación que, minutos después, fue tsunami, maremoto, pornograma destructor nazi posmoderno.
Eso es la ciudad: un carcinoma letal, un amigo desbocado, una mujer infiel, una puta.
La ciudad, vil meretriz sin setimientos, es un ruido, rayas, carne envejecida, un desgarro de soledad putrefacta como forúnculos pestilentes en estado larval.

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