El origen de todos los males

No me importa lo que suceda mientras pueda darme a mi mismo.
No me importan ni mis padres ni mis maestros, no me importa dios…
y tengo un sólo amigo: la oportunidad.
El tiempo se acaba, no se gana nada bajo el sol y todo termina siendo un mal negocio, una estéril persecución del viento.
El sol sale por la mañana y me encuentra tras el dinero, el sol se pone por la tarde y no me detengo hasta llenar mi alforja.
Y como hay un tiempo para cada cosa bajo el sol, tiempo de nacer y tiempo de morir, hay un tiempo para acumular: todo el justo medio.
Porque el origen de todos los males es no amar al dinero.
El dinero es sufrido, tiene envida, se jacta y se envanece;
hace todo lo indebido, busca lo suyo, se irrita y guarda rencor;
El dinero goza en la injusticia y desprecia la verdad,
todo lo sufre -en pos del objetivo-,
de todos desconfía -en su carrera-,
todo lo espera -y se agazapa-,
todo lo soporta -hasta vencer-.
El dinero me librará del lazo del cazador y del azote de la desgacia;
me cubrirá con sus plumas y hallaré bajo sus alas un refugio.
Porque todos correremos la misma suerte: todo viene del polvo y todo al polvo volverá.
Por eso: ¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!
No me hablen de reputación ni de duelos,
no me vengan con sabidurías y honradez,
para mí, lo que está al alcance de mi mano:
mujeres y manjares regados con vinos escogidos, lujo y poder… placer… eso es el dinero, verdadero poder y verdadero placer.
El momento presente me empuja.
¿La risa?, una estupidez; ¿la alegría?… ¿para que?
Debo echar abajo mis graneros y construir unos más grandes, para poder acumular todas mis reservas; entonces yo conmigo hablaré:
-Alma mía, tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años,
come, bebe, pásalo bien…

lu

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