Una tarde con el Papa -sonriendo en la pared-

Salís a caminar una tarde de invierno cualquiera, sol y frío, gente viajando en bondi, gente caminando, gente consumiendo, fumando, comiendo, garchando, comprando cualquier cosa; gente detrás del volante, gente en la vereda, en la cama, en la terraza, en las escuelas, en los comercios, en el subte, en el tren; gente, hablando, mintiendo, repitiendo las noticias de la radio y la TV con una insistencia psitácida, cientos de gentes pensando el mismo pensamiento, miles de gentes pensando el mismo pensamiento, gentes no pensantes, gentes carne de cañón, gente que está porque sí -como todos- un esperma penetra un óvulo y sale gente, votantes, futuros espectros más volátiles que el trotyl condenados a la nadiedad de la ruina…
Y un Papa. El Papa, el último Papa… rosa y muy dientudo sonriendo desde la pared.
Claro, también hay sombras ¿como no va a haber sombras en este mundo?, y vitrales de un santuario cerrado “porque se afanan hasta las vírgenes”… y sí, en este tiempo de modernidad líquida cuesta más conseguir una virgen de verdad que una cuenta bancaria repleta de millones de euros.
Y un mensaje amoroso desde otra pared. Y un Jesús hippie.
“Disfrutá, Eloy, te va a durar poco”
¿Que no?

1 3 2 5 4 6 7 8 9 13 10 14 17 15 19 20

Los comentarios están cerrados.