Patagonia chau

Digamos que viendo el final de ese viaje desde este ahora -dos grados por encima de cero en el conurbano bonaerense, electoralismo hasta las pelotas, la radio que no para de chillar, los deudores desapareciendo (como siempre), y el reme de un martes, que es mejor que un lunes pero peor que un miércoles, hace todo ese recuerdo como fantasmagórico. Sino imposible.
Pero no, fue bien real: el regreso a las costas del Gutiérrez, las pizzas y la música en un encuentro por la noche, las birras, los gatos, el frío, la mañana, el pez en la pecera, la ciudad por última vez, los bizcochitos en la yeca y el avión y el escenario desde el aire… chau, otra vez Patagonia chau.
Uno no sabe nada, ni siquiera sabe si estará para decidir que carajo hará en el próximo minuto.
Si hay tiempo, el suficiente, volveré -y no seré millones, seré sólo yo mismo, como ayer, como hoy, como siempre-

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