Recuerdo y vacío

En el ’96, debido a un evento bastante traumático, tuve una etapa de varios meses de insomnio. Y para evitar quedarme encerrado en casa viendo las paredes, me iba a tomar un café -o un vino- al bar “Gabi”, en Chacarita, justo enfrente de la pizzería Santa María.
Llegaba un poco antes de medianoche y me quedaba hasta las tres o cuatro de la madrugada, a veces incluso hasta el amanecer. En ese bar leí de todo, desde Borges hasta el Tao Te King, pasando por la Biblia y llegando a Carlos Castaneda y a su “Don Juan Matus, para servirle”.
Y noche tras noche desfilaba a mi alrededor, y en perfecta armonía, una fauna nocturna por demás interesante: prostitutas, canas, manyines, travestis, colectiveros caídos en desgracia, descastados sin esquinas, camioneros en espera, pibes de la calle sucios como trapos, tacheros muy fumantes, abuelas y abuelos con esas arrugas que son de largos años vividos en vereda… etc, etc, etc…
Por eso hoy, cuando paso por ahí y veo que esos bares ya no están porque fueron derrumbados por la modernidad en beneficio del “buen gusto” -y la incivilidad-, me pregunto: ¿donde están todos esos compañeros de trago, ignotos y sufridos hasta la disolución?… ¿donde fueron a parar esas almas tristes y desesperadas, almas sin nombre y sin casa, sin esposa ni hijos ni padre ni madre ni hermanos?
Ya no tienen lugar. Ya no están.
Escribo esto porque escucho que mucha gente lo festeja… dicen: “ahora hay menos negrada”
Y a mi se me parte el corazón.

pena

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