Verdad si, verdad no…

“La verdad es que no hay una verdad”, reza el grafitti, y entonces me viene a la mente el diálogo entre Pilato y Jesús: -Para eso he venido al mundo- dijo Jesús, -para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad escucha mi voz-, Pilato entonces le preguntó: -¿La verdad?, ¿y qué es la verdad?-…
La verdad, sombras chinescas sobre la pared. Clowns demoníacos muy fumantes y jóvenes ninfas desbordadas de pasión sexual… la verdad.
Está en todos lados. En el planeta entero y en los confines de la galaxia. También, ergo, en Caseros Oeste y en El Palomar, rumbo a Haedo y a Ramos Mejía, en ese camino que soslaya la Gardel y termina en el río motorizado del acceso oeste. La verdad. Cuantas ideologías contiene la verdad. Y cuantas la contienen. La derecha asegura tenerla, lo mismo las izquierdas. La tienen los creyentes, las sectas, los ateos, los agnósticos, los judíos, los católicos, los árabes, los taoístas, las feministas, la ciencia y hasta los jóvenes tienen la verdad. La vecina en la feria, la tiene. Los maestros de escuela también, y los polis, los jueces, los médicos, los sepultureros… todos.
No he conocido a nadie, en este mundo, que no crea tenerla. Tampoco he conocido a nadie en otro mundo, o por lo menos no me acuerdo. Aunque, para decir verdad, he estado allí, en innumerables mundos e infinitos. Creo en eso, porque no me acuerdo. Decía que todos creen tener la verdad. Es como si la verdad fuese una prostituta idealmente deseada que se acuesta con todos por un fácil puñado de monedas.
Pero la verdad es que la verdad no es de nadie, al fin. Como las sombras ¿se pueden detener las sombras?… ¿se pueden atrapar, borrar, colorear o encerrar en una caja?.
Ella ya no lo ama, esa es una verdad. Otro -u otra, u otrx- sí ama. Otra verdad. Y hay más: ese helicóptero que nos vigila, otra verdad (somos vigilados, hay miedo detrás de ese hecho ¿se dieron cuenta de ese miedo?); los árboles son indiferentes a nosotros, otra verdad; los nazis a la basura, otra; la rubia en tetas ya no quiere un hombre de carne y hueso, prefiere un salvaje cyborg de metal que la asista a voluntad, una maquinaria sexual, un homúnculo…
Viendo las palomas -y al gato negro que me observa desde la pureza de su no-mundo- me pregunto si no somos bichos que piensan o errores mutantes contemplados por pacíficas palomas y gatos negros; a diferencia de nosotros los humanos ellos parecen estar tan integrados en la vida…
¿Y esos labios en la pared? ¡otra verdad!… ¿cual?: “la juventud”.
También es una verdad que Frida vivió en este mundo cuarenta y siete años. Y es otra verdad que es símbolo de las libertades de todos, especialmente de las feministas. (Y otra verdad, más oscura y terrible, es que ella misma se dio muerte metiendo la cabeza dentro del horno)
En mi mundo real, lo cierto es que esa Frida es un grafitti escrachado en una pared de Ramos Mejía, al lado de las vías del Sarmiento y frente a un vivero donde mi chica aprovechó para comprar unas cuantas “alegrías del hogar”, plantas que, justo ahora y mientras escribo, aprovecha para plantar en el jardín… esa es la pura verdad.

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