Invierno en La Ventania (2)

La exquisitez de la luz de la mañana emociona, luego los mates amargos sintonizan el espíritu -y el cuerpo- y lo preparan para las largas caminatas, para la lluvia de sol, para el frío y el viento, para aprehender con la mirada la extraña vejez de esas sierras que se consideran unas de las más antiguas del globo y que, otrora, se erguían hacia el cielo con jóvenes picos de gran altura.
Ya no. Ahora son lomas redondeadas que suspiran soledades entre secretos ya olvidados, susurros de otros cuerpos y de otras eras que nunca volverán.
E invitan a subirlas, caminarlas, recorrer sus pampas retiradas y sus cañadones de clausura.
Y la diversidad-clima luego amanece gris y helado. Y las aves vuelan hacia sus nidos, o no salen siquiera, y las calles se desdibujan porque nadie las camina, y las casitas-nido guardan sus secretos de fuego y madera, de una comida caliente, de frazadas y de sueños que siempre se repiten.
¿Y que se sueña?
El infinito, la eternidad, la riqueza que construyó su reciento entre tanta pobreza.
Y maravilla.

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