La vida en todo el cuerpo

La vida es un espejo, un sinsentido, una fórmula matemática, una poesía triste, una sonata despiadada y, también, un rock & roll a tres guitarras. La vida duele, chilla, ahoga, sonríe, goza, respira y llora a carcajadas. La vida no tiene explicación, o las tiene todas… inasible filosofía que llama, como mínimo, a silencio.
Inútil darse la cabeza contra la pared; inútil, también, sentirse responsable. Inútil y egoísta, ya que… ¿cuanto dominamos en nuestra existencia?… ¿dominamos las emociones, los aciertos, los dones, las virtudes, la fe, las carencias, los apegos, las desgracias, los pensamientos, las oscilaciones, las soledades y las penas?
¿Dominamos el odio, el temor y las intermitencias del amor?
¿Somos los artífices de nuestro destino?
Por eso no está tan mal sentirse mal, llorar de pena, tener miedo, sufrir ese asedio invisible por los cuatro costados que nos coloca en una inmovilidad que, como mínimo, es la antesala de la cobardía.
Sí, cobardía. También podemos sentirnos cobardes, y no por ello dejaremos de merecer la gracia de simplemente estar, que es estar vivos.
Por otro lado, y como es habitual, en el jardín reverdece la hierba y crecen muy amarillos los limones, mientras ya se asoman, imparables, las flores que serán los frutos del mañana.
Y hay viento y hace frío, y el sol acaricia la hierba, y el gato del vecino duerme muy tranquilo en el tapial mientras los zorzales buscan alimento entre las ramas.
La verdad, o una verdad, es que no tenemos permanencia. Antes o después “dejarán de brillar la luna y las estrellas, volverán las nubes de la lluvia, temblarán los guardianes de la casa, se irán cerrando las puertas de la calle, disminuirá el ruido del molino, las aves elevarán su canto, pero ya no se oirán sus trinos”
Y “el hilo de plata se cortará: dejarán de hilarlo”.
Hoy, y ayer, me duele estar vivo.
Hoy me duele la vida en todo el cuerpo.

dy

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