Una noche como la de hoy, hace mil noches… -o más-

Hace un rato me sentía muy mal. Solo. Pero está bien, porque estar vivo en este plano -universo conocido, grupo Local, Vía Láctea, Sistema Solar, planeta Tierra, América del sur, Argentina, Buenos Aires, Caseros- es estar solo. Como Frodo y su anillo de poder.
Pero unas fotos viejas me salvaron… ¿me salvaron?
No lo sé. Pero acá están. Y como son viejas -no tanto, datan de mi primer cámara digital, año 2008, regalo de mi chica- van en blanco y negro.
Y me voy a dormir, antes de ponerme a llorar.
Las fotos: Mi sobrina Catherina comiendo pastas en Pippo; Tomás, el perro salchicha de mis viejos, rebautizado por mí como “Chinaski”, en honor a Henry, alter ego de Bukowski; Paula, mi mujer, cuando vivíamos en la casa de mis viejos; Yo, multiplicado como un heresiarca de Uqbar, subiendo por el ascensor espejado del antiguo apartamento de Susana, mi suegra; Yo de nuevo, en el 136, volviendo de Marcos Paz… seguramente esta foto la hizo Paula… ¿quién más?

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