Primera luz

Dejar la cama, bajar las escaleras, correr las cortinas y ver la primera luz de la mañana.
Y la actividad que, a toda marcha, arranca con la salida de la estrella.
Luego el reloj: una hora determinada.
Y el calendario: un día determinado.
Y las implicancias del día y del horario… la presión.
Detrás del vidrio, el limonero y los zorzales, las torcazas y la brisa, el pino…
De este lado, el cronograma: estar para cumplir -y cumplir para ser-.
Hemos logrado contaminar el presente con esa idea de tiempo, de río, de sucesión. Atrapados, inexorablemente domesticados, recurrimos al injerto para dar fruto.
¿De que cualidad?
¿Podemos escapar?
¿Lo lograré?
¿Que hora es?
¿Cuanto falta?
Me muero, regreso, dime, canta, sexo, color.
Otro año que termina:
estoy, como todos, en la eterna presión.
Acaba de amanecer,
pero ya llega el mañana.

Primera luz

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