La noche fantasma

Sabemos muy poco.
Entendemos menos aún.
Estamos aquí, nos vamos de aquí… y en el medio algo hay que hacer.
¿Y que hacemos?
Describimos la realidad, que es elegir una opción entre millones, y codificamos una moral, una ideología y un sentido del ser.
Los vástagos de esta mera descripción etiquetaria son deberes y derechos, pesadas obligatoriedades aparentes que condicionan nuestra dicha y nuestra libertad.
Paralelamente, otras realidades nos muestran, continuamente, la banalidad de creerse “ser parte” de esa -o de cualquiera- antojadiza descripción del mundo.
¿Soy verdaderamente argentino?… ¿es mi religión “la verdad única”?… ¿existe el concepto de “patria” fuera de un códex caprichoso y mudable?
Y el consumo, y la publicidad, y la moda, y “la gente como uno”… fantasmas sin sustento que ahogan el albedrío.
…-Pasa el tren fantasma en la noche fantasma… crece el cemento como un bosque muerto… miedo… la luz eléctrica ha cegado las estrellas-…

Los verdaderos fantasmas, los que nos invitan y nos tientan a desistir de la patética creencia detenida, son visibles, los sentimos todo el tiempo bailando a nuestro alrededor.
Algunos de ellos son la brisa, los zorzales, la lluvia, el silencio, el grillo cantando desde su solitud perfecta… inmerso en la noche, en la noche fantasma.
No es verdad que la “naturaleza” -el concepto también es ideológico, desde ya-, sea un mero mecanismo.
Libertad es entregarse con cuerpo y alma al misterio de vivir, más allá de las palabras.
No hay color, ni siquiera hay sexo.
Todo es Uno.

22 23

24

Los comentarios están cerrados.