¿Amar es destruir?

Detrás de un grafitti siempre hay un ser humano, hombre o mujer, sea éste/a/x al 100% o al 90%, o al 80%, al 70%, 60%, 50%, 40%, 30%, 20%, 10%… pasado este mínimo porcentual, ya cambiaría el género (una dama al 10% es como un hombre al 90%, pero sin pene; un hombre al 10% es como una nena al 90%, pero sin vagina)…podría darse una hembra al 50% o un macho al 50%… lo cual resultaría bastante confuso y paralizante; o un 65/35%, un 5/95% y hasta un 2/98%. Todo puede ser. Por sobre todo la vida es diversidad, lo vemos en el universo, lo vemos en el jardín. Las múltiples variantes polisexuales que abundan en sitios en donde la libertad individual es premisa, se explicarían con ese par porcentual. Pero siempre, más allá del porcentaje constitutivo, un ser humano es el que está detrás de un grafiti escrachado en una pared. Un ser humano inquieto… hasta uno podría decir: sensible. Ahora bien, en este caso, un ser humano, joven o viejo, macho u hembra, o lo que fuere, sale con su aerosol color cian, que es como un celeste arquetípico, y escribe en una pared del conurbano bonaerense, Ciudadela, para ser exactos: “Amar es destruir”. Y lo escribe para que todos los que pasamos por ahí lo leamos.
“Amar es destruir”. No digo que no, en principio. Uno suele relacionar al amor con lo constructivo, pero desde un punto de vista, pongamos, religioso, uno, por amor, podría destruir. Destruir las pasiones que esclavizan el cuerpo y enturbian el intelecto, por ejemplo (Filocalia dixit).
También uno podría, por amor, verse impelido a destruir algo más externo, ajeno y pestilente… bombas atómicas, misiles, armas químicas. En esta misma vena podría también disolver los ejércitos, borrar las fronteras, eliminar la escala del uno al diez en los competitivos exámenes escolares, que son como la antesala ideológica, o el adoctrinamiento, que sembramos (¿vale la palabra “sembrar” en este contexto?) en nuestros hijos para que, en el futuro, terminen, entre otras actividades no amorosas, fabricando bombas atómicas, misiles y armas químicas. O alistándose en el ejército. Podríamos, también, demoler los bancos y las cárceles, vedar las competencias deportivas, compactar los automóviles, inhabilitar la entrega de premios, abandonar el petróleo, repartir las ganancias, inutilizar los celulares, arrancar el asfalto para plantar papas y lechugas… así estaríamos yendo más profundo aún… estaríamos destruyendo, por amor al hombre, el sistema capitalista.
Confieso no estar seguro de si sería esto lo correcto. Algunos pueden argumentar que, por amor, deberíamos destruir las religiones organizadas… responsables ellas de tanta muerte y oscurantismo a lo largo de toda la historia… proscribir a Cristo, a Mahoma, a Buda, a Lao Tsé… ¿por amor?
Anacrónicos enamorados de la pureza total aprovecharían la volteada para regresar con sus pancartas antisemitas pintarrajeadas de rojo y negro y tachonadas de esvásticas… todo por amor al superhombre nietzcheano y al predominio de la raza aria.
San Francisco de Asís solía repetir que “nadie ama al amor”… según el santo, amamos millones de cosas en la vida, pero no amamos el amor… no amamos el hecho concreto de amar, disfrutar del amor, entregarnos al amor, respetar, abrir la mano, soltar, dar libertad, dar posibilidad al amor, dar espacio. No me imagino al santo destruyendo, pero ¿puede un niño, nacido en un país pobre, creciendo sub alimentado, enfermo de múltiples parasitosis, participar de este debate?… ¿tiene ese niño, anónimo y desconocido, las mismas posibilidades que yo, que esto escribo -y que usted que lee- para razonar si el destruir sí, o si el destruir no?… ¿no habría que destruir la desigualdad, en definitiva, en beneficio de una misma salida, para que corramos todos más o menos la misma carrera y que lleguemos todos más o menos a la misma meta?
Amor. En nombre del amor. Te amo, te odio, dame más. Destruir en nombre del amor… ¿destruir el cuerpo por amor al vino, al porro, al pucho, a la coca-cola, a McDonalds?… ¿destruir especies por amor?, ¿destruir los bosques por amor?, ¿destruir el ozono por amor?, ¿destruir las semillas?, ¿los pequeños terruños?, ¿el suelo?, ¿las montañas?… ¿todo por amor?
Mucho destruimos por amor, si, pero por amor al dinero, que es el origen de todos los males. No el dinero en sí, sino amarlo…  amarlo más que a mí mismo y más que a mi hermano que sufre.
Para terminar, otras palabras del santo: “Comienza por hacer lo necesario, continúa por hacer lo posible… y un día te encontrarás haciendo lo imposible”
Tal vez un día destruyamos por amor… la indiferencia, la condena, la represión y la desigualdad. Hoy, parece imposible, pero… ¿hacemos, siquiera, lo necesario?

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