Tupiza de noche

La altura espesando la sangre y el calor correteando sobre la piel; la entrada boliviana por el sur, desde Villazón hacia los Yungas, oscila entre el calor y el frío y desde el nivel del mar hasta el techo del mundo; y mientras cambia el menú y las bebidas, y mientras se comienza a dormir de a ratos porque el aire se escapa en una cadencia que no alcanza, se va olvidando el reloj y la angustia de los objetivos y la eterna obligación que repta en una ciudad, Buenos Aires, cada vez más lejana e irreal.

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