Nido Nocturno

Una pequeñez, dos vidas: encuentros y desencuentros de dos seres que, a lo sumo, no sobrevivirán los cien años.
Cien años.
El Big Bang tuvo lugar hace trece mil setecientos millones de años; el planeta gira alrededor de su estrella, el Sol, hace cuatro mil quinientos setenta millones de años… los dinosaurios, esos grandes y bobos reptiles con cerebro de mosquito, desaparecieron entonces hace muy poco, casi ayer: sesenta y cinco millones de años.
Y vos y yo estamos por cumplir, en estos días, los nueve años de convivencia.
Nueve años.
Esa cifra, frente a la del Cosmos, es menos que un micro instante en la volátil vida de la más inestable de las partículas subatómicas que atraviesan la materia interestelar a la velocidad de la luz.
Sin embargo, nuestro nido, este pequeño oasis que existe porque existe todo lo demás, vale más que todo aquello… y lo justifica.
No es que tenga importancia, en realidad,
“nothing really matters, anyone can see”
dijo el poeta,
pero algunas cosas, sólo algunas,
valen más que un universo, que un sol y que un planeta.

Nido nocturno

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