“And it makes me wonder”… (¿somos los marcianos?)

Tal vez el ser humano no sea, después de todo, el rey de la creación. Tal vez no seamos tan amorosos. Tal vez caímos en la trampa. Somos monstruos, o peor, parásitos. Consumimos las riquezas -riqueza sí que es una palabra cargada de ideología- tan sólo por mantener el culo muy cómodo sobre la silla. O, peor, tan sólo por poder escapar… del trabajo, del cerebro, de nuestras mujeres, del frío, de las consecuencias, del sexo, de la conciencia. Escapar de la conciencia, aborto, suicidio… convengamos que no hay que estar muy consciente para darse muerte… ¿o sí?
Apología del consumo. De la muerte, del sexo pago, del extravío mental entre chips nanotecnológicos que adormecen la capacidad de asombro. Yo camino por la calle viendo los infantes dibujos escrachados en la pared de la escuela-prisión y me pregunto… ¿somos brujos?… ¿fuimos creados?… ¿fuimos monos?… ¿somos los marcianos?
Y otra vez aparece en escena la indiferente vida no-humana. El cielo, los neutrinos, las estrellas, el creciente vegetal, el sabor de los quarks, el canto de los zorzales, las lombrices en el humus y en la hamburguesas, humanas hamburguesas, tóxicas hamburguesas, estafadoras hamburguesas, hamburguesas capitalistas.
Si el origen de todos los males es el amor al dinero, entonces estamos bailando el último réquiem con la peor, con la más puta, sucia y atorranta de las opciones.
Y llegan las nubes y llueve. Y yo camino bajo la lluvia y me pregunto, una y otra vez, las Palabras del Profeta:
¿Cómo es que hizo nido tanta riqueza entre tanta miseria?
Y me maravillo -and it makes me wonder-

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