Las exigencias en tres tiempos

Los días se suceden y todas las cosas se montan a caballo de los días que, inexorables, se mueven hacia el irrelevante misterio del pasado y del futuro, que es la nada.
Detrás, la nada… delante, la nada.
Pasado, futuro… y el presente que se esfuma.
Cielos, gato, nosotros, tormenta, el fuego, un ojo en el cielo.
Dividir en tiempo en tres habilita el objetivo y la razón, el resultado, el premio al competitivo esfuerzo, una escala de valor por sobre todo, una moral y un podio, una pobre traducción, una soga al cuello cada vez mas tirante y, finalmente, el ahogo y la derrota.
Y estar derrotado es creérselo.
Desde la escuela primaria, desde la boca de maestras tan ácidas como esa tiranía gratuita que brota desde el lamentable poder que nunca se posee, la triple división temporal:
“alumnos, el tiempo se divide en tres: pasado, presente y futuro”

Yo no sabría que hacer con mi pasado si apareciera, todo, en este instante; ni sabría que hacer con mi futuro si, entero, ahora se mostrara.
Y el eterno presente, el único tiempo real, es lo que hay en juego.
Juguemos…

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