¿Habrá zorzales en otros mundos?

Sábado por la tarde, octubre, primavera. Giran y giran las mosquitas detrás de la ventana, mosquitas brillantes, describen rápidas órbitas repetitivas, forman un conglomerado vivo y caótico.
Hace frío, aunque no tanto.
Perros que ladran, un pequeño y lejano concierto, aunque no tan lejano. Voces de barítono y soprano, tenores y contralto. Unos pequeños perros-insecto chillan desesperados, como flautines octavados hacia el registro más agudo.
Suena una alarma. Se detiene.
Volvieron los picaflores y ocuparon nuevamente su pequeño nido; expulsaron a las vecinas avispas, que dejaron su panal abandonado. Mamá zorzal enseña a sus dos pichones a volar, y ya han adquirido bastante destreza.
Sobrevivieron a los gatos.

Sombras en la enredadera, sombras sobre sombras. Tréboles y ramas, begonias y hortensias. La muda parrilla, casi olvidada luego del prolongado invierno. Un Martín pescador detiene su vuelo en la soga de colgar, y se bambolea como un equilibrista que ha perdido los dos brazos. Me observa teclear con su ojo derecho durante tres largos minutos, hasta que ve que lo veo. Hago contacto visual con ese ojo, dos ojos contra uno, fluye una especie de energía, siento la creciente incomodidad del pájaro y es entonces cuando levanta vuelo. Escapa de mis ojos humanos.
Cantan las torcazas. Ese canto es un silenco perfecto, una música hecha para soñar.
Silencio, aunque está el ruido blanco de la ciudad por debajo de todo. Motores, aviones, ladridos, gritos, megáfonos, bajos eléctricos, cumbias, tachos, bocinas, platillos, gorjeos, explosiones, tiros, risas, chillidos, jadeos. Vivimos comprimidos, arrinconados, hacinados… ¿es por el temor?… ¿tenemos miedo?… ¿tengo miedo?
No tengo miedo. Soy el que soy, nada que decir ni que agregar. He perdido las barreras ideológicas que me acercaban pavorosamente hacia todos. No soy nada, sólo un observador. Los contemplo desnudos, así como me contemplo en el espejo. Estoy gordo y no me importa, perdí dos dientes y no me importa, tengo mal aliento y no me importa. No he terminado nada de nada, y no me importa. No me importa la mirada de mamá, no me importa la mirada de papá, menos la del Estado. No soy nadie y soy todo. Ni macho, ni hembra, ni amigo, ni enemigo. No tengo ego, creo en todo y no creo en nada, y nada necesito, salvo un plato de comida, sexo y una copa de vino. Y no es excluyente, salvando el alimento.
Mi chica está arriba. Teclea en su computadora e imprime en la impresora. Esos sonidos que ella genera, representan la pérdida de mi soledad, que es una grata, gratísima pérdida. Si yo fuera mujer, sería lesbiana; y ella aún seguiría siendo mi chica. La perseguiría por todo el universo hasta volverla lesbiana, entonces nuevamente sería mía. Esta vez me tocó ser hombre, aunque no lo soy del todo. Soy hombre en un pequeño porcentaje, menos del 50%… y adoro eso.
Cinco de la tarde y arrancaron con su canto los zorzales. Año tras año los zorzales cambian sus melodías. Tal vez sea un mensaje de Dios, o de los muertos, o de los extraterrestres, o del diablo, o de un universo paralelo. Tal vez el mensaje se complete dentro de quinientas primaveras, dentro de tres años, en el próximo big bang o nunca. Tal vez exista el universo sólo para que los zorzales completen el mensaje… ¿habrá zorzales en otros mundos?, y si los hay… ¿cantarán el mismo mensaje?
Ahora aparece el instrumento-martillo. Sábado por la tarde y alguien martilla: ¡páf, páf, páf!, concierto para martillo y orquesta -de perros-, con coro de zorzales y palomas torcaza.  Y picaflores, que aportan su “prrrii-prrrii-prriiii”…
Giro la cabeza y veo las ramas verdes y amarillas detrás de la ventana, ramas nuevas, bañadas por el sol y agitadas por la brisa. Es un mundo hermoso, es una hermosa primavera, es una vida hermosa. Que grato es sentir que nada tiene caso ni motivo, que no hay nada que hacer salvo ser, que estamos aquí sólo para disfrutarnos.
Ahora se agrega el Martín pescador. Un nuevo instrumento sinfónico. La realidad es un concierto, una sinfonía. Y es, también, una fuga a infinitas voces.
Mi chica barre la hojarasca -otra voz-.
Pasa una avioneta comunicando algo por decreto -otra-…

Podemos cerrar los ojos, podemos cerrar la boca, no podemos cerrar los oídos.
Me acabo de servir una medida de Fernet con hielo.
Fernet puro.

treboles

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