Los Hombres Viejos

Como el camaleón, el personaje cambia el color de su piel y la geografía de su carne… la suaviza, la redondea, infla lo necesario y afina en los contornos… la estira. Luego el espejo devuelve una imagen: La Imagen.
El candidato, apresado entre dos fuegos, decide cambiar de piel; conoce los mejores cirujanos y tiene dinero… se arroja, entonces, al medio de lo más feroz de la hoguera.
Y se quema. Arde y chilla como un bonzo.
Como todo llega, llega el tiempo de elecciones, pero la primavera se demora: hace un frío de mierda y llueve como pestes.
Las nubes son negras, y “los encabezados de los diarios, tristes y perversos”…
La canción de cuna se confundió con el Kadish, el llanto meó en la misma cara de la risa… la luz, esa peligrosísima metáfora, cegó al ansia de libertad con su hípster-híper concentrado láser clase 111110…
Todo, finalmente,
se fue a la puta mierda.
Pasó mucho tiempo… pasó El Tiempo. Ahora somos viejos, somos los viejos… Los Hombres Viejos.
Y recordamos toda esa mierda con mucho disgusto.

curto trava

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