Navidad en Villa Ventana

Irremediablemente el tiempo se escapa como el agua entre los dedos y nada queda que valga la pena exceptuando lo que se vivió con amor y alegría, la belleza de estar gozando del regalo de la vida con la conciencia extática en el momento presente. Los regalos que otorga el devenir, como los asados en familia y el pool esa noche en Sierra de la Ventana, son inesperados y se atesoran porque se saben finitos, meras posibilidades que condenadas están al olvido… por lo menos en este plano. Los que tenemos fe nos permitimos soñar con el reencuentro de todos y de todas las cosas amadas en la vida, un reencuentro impoluto y eterno, imposible de imaginar sin tiempo y sin embargo sin él, por el necesario deseo satisfecho y la incapacidad del aburrimiento. Y están en la memoria los que ya no están, y las mascotas y los amigos y también aquellos que son parte de la vida a través de un libro, de una música, de una obra de arte que enseña y vivifica. A todos ellos, los que están en mi corazón y en mi memoria de amor, les deseo mi deseo-certeza: volvernos a encontrar en ese asado prometido, un asado celestial bien regado con maduros vinos y pleno de carnes asadas desde el hueso.

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