La ley de entropía también en el amor

Que el amor duele tanto como el gozo que provoca, lo saben todos los que aman e intentan arrojar un poco de luz sobre las cuestiones que el devenir amatorio plantea a lo largo del tiempo. Y a veces los bellos y artísticos escenarios por donde uno camina no alcanzan para redimir esas ganas de morir y matar, que, como ya anticipó Freud, es tan propio del género humano. Por lo tanto no alcanzó la visita al Fernandez Blanco, ni tampoco alcanzó la visita al Borges, ni las bellas y biográficas fotografías de Tina Modotti, ni el bandoneón y la guitarra en el teatro San Martin, ni las fotos de Tony Valdez, ni el café en La Guiralda, ni nada. Y el nexo, el lazo, la simbiosis y la armonía entre dos seres que se aman se rompió, momentaneamente, como se rompe con dolor un vidrio o se desarma un puzzle con violencia. Y la luna siguió su curso y al otro día salió el sol. Y ya pasaron horas, días… más de una semana del suceso, pero todavía duele. Y esto es así porque, como bien lo dice la ley de Entropía Universal, es mucho más fácil romper que construír. Y requiere menos energía.

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