Diversos modos de mantenerse punk

Se podría pensar que algo es importante. O vital, tal como amar, respirar, alimentarse. Sin embargo uno no sólo se alimenta de pan… a veces el cuerpo y las sinapsis piden brisa, sol, mariposas, veredas sucesivas, zorzales y calandrias, ignotos representantes de la raza humana deambulando por el Gran Conurbano Bonaerense.
El perímetro, en esta ciudad, puede ser muy grande. Uno puede salir y caminar en línea recta durante horas y horas antes de llegar al río o a la pampa… sin embargo hay un límite, ya sean las piernas, ya sea la luz, un afano, el cansancio, el fin de la solidez bajo los pies.
Pero no todo termina, no todo tiene un fin.
No tiene fin el calendario, no tiene fin el sonido, no tiene fin el deseo, la visión, el sentir en la piel.
Pero se acaba… ¿como no se va a acabar?
Las imágenes que aparecen representando la civilización humana son, de tan efímeras, atemporales… casi anacrónicas, dado el apuro que hoy fatiga la (des)organización del mundo.
Mientras tanto luchamos, algunos, por no perder la calma, por no abultar la cuenta bancaria, por pelotudear, ejercer el libre pelotudeo como forma de vida… afirmo que hoy, el pelotudeo, es una prolongación del ser-punk de los setenta.
Y también no tatuarse ni fumar puchos. Y no pincharse. Y no usar celular.
Otro modo de mantenerse punk es no temer… ni el resultado de las elecciones, ni las amenazas del diario y la TV… “No teman”… ya lo dijo el primer punk del mundo.
En fin, me voy con una breve reflexión de Luca Prodan:
“¡Fuck you!”

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