Caminando Tupiza

Tupiza es tal vez el pueblo más caliente del sur de Bolivia. En Tupiza pude usar ropas de verano que en el resto del viaje quedó relegada al fondo de la mochila; el calor es aplastante en el sol, uno siente que si permanece media hora bajo la estrella realmente va a morir. Pero como en toda la zona del altiplano, al igual que en Jujuy, basta la sombra de un arbolito para refrescarse y… hasta tener frío. Ese día salimos a caminar antes del mediodía, subimos al Cristo con un sol demoledor, y más tarde, previo disfrutar de unos bolivianísimos licuados de mango y papaya por cuatro mangos, recorrimos la casi totalidad del pequeño pueblo. Tupiza me recuerda a Humahuaca, tiene esa atmósfera de pueblo inacabado y feliz, con sus silencios de siesta y su plaza perfecta. Si fuese director de cine, yo filmaría una película en Tupiza, una película de amor, conectada con el mar lejano y con las entidades tenues que protegen siempre desde lo alto. Y que aman como nada ni nadie, en su humanidad, puede amar.

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