Invierno en La Ventania (5): último día

Profunda extrañeza la de ver estas imágenes desde este lunes caluriento, ya promediando la primavera, subiente la temperatura hacia ese punto veraniego de ausencia total de aire frío y de pegajosa olla a presión. Inevitable efecto planetario.
Ese día, allá lejos, amaneció soleado. El último día. Luego se fue acercando la negrura desde el sur, se detuvo el viento, se congelaron los pájaros, se callaron los sonidos y entonces la naturaleza hizo una pausa total: cedió el protagonismo al profundo y lejano sonido del trueno.
Y llovió.
Paradójico que haya llovido ese último día, como si la Villa llorara nuestra partida, como si los gigantes dormidos despidieran nuestro paso fugaz sobre sus solitarios lomos. Y el negro cabezón, tantas veces encontrado por ahí, con esos ojos naranjas y tiernos, saludando por última vez.
La solitaria casa, otra vez vacía. El color virado al gris. La melancolía, la bella e inspirada melancolía de dejar un lugar en donde se fue plenamente feliz.
Más tarde diluvió y se fue la luz. Las calles se transformaron en ríos y corrimos a la parada del micro chapoteando bajo el chubasco.
Quedaron atrás las largas caminatas, los fuegos en la noche, la naturaleza despojada, los tintos descorchados y las carnes doradas en las llamas, los encuentros del amor, la montaña, la brisa, los pajaritos, los mates mañaneros, la soledad compartida.
Nuestros espectros deambularán ahora mismo por ahí.

33 34 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 50 51

Los comentarios están cerrados.