Seis hombres y el mar (1)

Una semana y media no es mucho tiempo para extrañar, pero sí cuando se extraña lo que no es habitual.
Cuando salimos a la ruta mi sensación fue de extrañeza y deja vu: ya habíamos pasado por esto, sólo que la última vez fué hace más de veinte años.
Y giran las ruedas, y se carga combustible, y pasa la vida por la ventanilla, y se llega a la costa, y se come en Cachavacha, y se beben mil cervezas…
Y en la mañana se desayuna sin medida y se corre rumbo a la playa con esa chata que es como un tractor, y se trepa a varios médanos, y los gritos son de vértigo, y la cosa se empantana justo allá arriba en donde el mar es una raya en lontananza, y se juega dichosamente a ser de nuevo lo que en realidad nunca se dejó de ser…

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