Dios es adoptado

Te puede pasar de todo en esta vida… podés salir a caminar y encontrarte con Don Corleone sonriendo desde la pared; podés creer en la fatalidad de las cosas y pensar que “mejor salgo ahora porque nunca se sabe cuando se acaba el aire y se vacían los fuelles y chau música”, y entonces salís, pero… te cae un rayo en la coronilla del bocho mientras caminás, flor en mano, rumbo a tu primera cita con Julie Delpy -la Julie Delpy de “Antes del amanecer”, claro… si la de ahora está fofa y cerosa como estamos todos los de su generación-; o encontrar escaleras al cielo en una ventana cualquiera and it’s make me wonder; descubrir sombras fantasmales en cualquier ridícula cosa; caminar y caminar hasta que te sorprende gratamente una imagen terrorífica del próximo apocalipsis, las gentes con tres ojos de tanto espanto, autos incendiados, fuegos, rayos y centellas… y más tarde, mientras cruzás sin aliento la espesura -¡las arañas!-, recordás que vas rumbo a las pizzas de Santa María, en Chacarita, sí, CHA-CA-RI-TA, un moscateado lugar en el mundo… ¿cuantas lágrimas dejaste en el estaño del Bar Gabi?… ¿tantas como yo?… ¿cuantas palabras enyuntaste moscateando en el Imperio?… yo muchas, porque la vida es un anacronismo, siempre se llega tarde, ¡no hay tiempo!, y la prueba de eso es hoy, exactamente ahora: ¡¿ya es sábado?!… ¡¿faltan tan pocos días para Navidaaad?!...
Pero lo más loco es cuando encontrás que alguien escrachó en una pared tu mejor pensamiento-revelación del año: “Dios es adoptado”. Sí, “Dios es adoptado”, y ¡lo es!, ¿acaso Jesús es hijo de José?, ¿O no aceptó el viejo carpintero acunar y alimentar al vástago que su prometida traía en el vientre sin que él la hubiese tocado siquiera?
Si empezamos por creer que vivimos en un mundo apartado largamente del corazón de la Galaxia, un mundo que adora un “Dios adoptado” y colorea en sus paredes imágenes del cercano -o deseado- fin, podemos estar seguros de algo: te puede pasar de todo en esta vida… menos aburrirte.
Claro que también te podés aburrir. Sí que si. Pero el aburrimiento, como un síntoma, es una voz que chilla alarmando los oídos para que despiertes de una vez y te atrevas y te vayas y no creas -o sí- y lo sueltes -o nó-, y sonrías y pruebes todo lo que quieras o te ahogues de las carcajadas participando de esta vida que es de-ma-sia-do. Para bien o para mal. Demasiado como las fotitos decoloradas de las lápidas del camposanto… ¡que contrapunto!, el Imperio de la pizza en una esquina, y en la otra, las decoloradas fotitos del camposanto…
Don Juan diría: “no hay tiempo para estar serio”. Y Jesús, el “adoptado”, no para de loopear: “No se preocupen por el día de mañana… no se preocupen por el día de mañana… no se preocupen por…”

“Gira y gira el mundo en el espacio infinito con amores que comienzan, con las horas que se han ido, con las penas y alegrías de gente como yo”
Y, sí, el inasible mundo.
Su mejor cualidad.

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