El pájaro que se remonta y otras descripciones cotidianas de la realidad

La bestia me mira desde la pared, hacha en mano: “puto”, repite, y agrega: “el cantante de la banda en donde laburo de ícono se cortó el pito y las pelotas, y ahora canta como María Callas poseída por cien mil súcubos”
“Algo escuché” -pienso-, “y me importa un huevo”. Sigo caminando, pero entonces no pensaba lo que pienso ahora, las fotos, antes de la última elección, advierten: “cuidado, que te rompen el culo de parado”. Me cubro.
Luego el dial en on: “Por favooorr, tiremos todos para el mismo lado, porrr favorrr”, chilla una anciana chupa velas por el parlante de la radio, y mientras habla limpia el FAL, lo aceita, lo lima y lo recorta, lo carga con proyectiles punta hueca, puntas rellenas con plutonio. Luego, el pájaro que se remonta y canta, se agita y escupe el pájaro, escupe blanco, y sube el calor y se pide la muerte, o encender el aire y comerse una grande especial de calabresa. O nadar en el mar del sur. Cambiamos, pero hace calor. Cambiamos (el mensaje es: “a laburar, negros de mierda”), me miro en el espejo: sangre siciliana, sangre española, sangre hebrea. Y sangre indígena, sangre “negro de mierda”. Fue mi abuela, mi abuela la indígena. Por eso no me gusta trabajar, es mi sangre. Perdón, señor Mauricio, pero ¿va a eliminar los feriados?, ¡nosotros queremos descansar, encender el fuego para asar asados, tomar vino, fumar purrete y ver pasar las nubes sin forma. Queremos hacer nada, la nada, la nueva y anarquista y putísima nada. Una nada propropro.
Pero al final borran lo que escribís, todo se borra, la vida entera: “John Lennon” es un nuevo modelo de corset ultra orgásmico en el 5067. El premio “Nobel de la Paz”, un apellido oligarca. “La pituitaria”, un sistema para freír churros rellenos con salsa de soja pansexual. La oligarquía del planeta propropro desciende de los mutantes peronistas polisexuales extendidos como esporas luego de la sexta guerra mundial.  Esa guerra en que llovieron penes phimósicos y sangrantes buscando romper todos los agujeros. En el 5067 ya no existe ni la política ni el fulbo… todo está prohibido, menos la libertad y su perenne tortura.
Pero no. Estamos en el 2015, finales totales del 2015. Hace treinta años que viene pasando absolutamente todo: se murió Luca Prodan, desapareció el vinilo, se nos fue Kurt, se nos fue el viejo Lou, y Palanca, y María, y pasaron los gobiernos y comimos mierda y hace calor y me pica el culo. Parásitos.
Está entrando mi chica, viene de la calle, viene del infierno, viene de la escuela. Dos más dos, verga. Tres más tres, tu culo. Mates amargos y arroz con leche… ¿problemas con drogas? ¡sí!, es que… ¡ya no puedo conseguir! ¡Hola! ¿Oficina de narcóticos? ¿ustedes saben donde puedo conseguir anfetas color azul?… ¡¿es que ya no hay?!…
Se acerca la Navidad, la verdadera Navidad y la otra, la del viejo filo-consumo que reparte veneno para que tomen los chicos. Se acerca el fin de año, el fin de la primavera, el fin del camino, the end, mi hermoso amigo, this is the end.
Las imágenes que coronan este texto pesan menos que la verdad del paraíso Bowie, y eso me reconforta. Y me importa un huevo, también.
Esa levedad, que se impone por la fatalidad, la belleza y la fuerza, es lo único que importa de todo lo que existe y rodea.

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