Gagging world (la ciudad vacía)

La ciudad nos recibe, como un útero muerto a sus vástagos más queridos… sangre y semen, sol y vacío, el rostro anciano del Señor a pesar de sus treinta y tres años, el templo Prodan tan desierto como ese útero-ciudad, matriz que pierde su identidad creadora entre brisas que corren libremente, entre silencios extendidos como remixes mudos, entre palomas infectas que vuelan y chillan la ausencia de grano semanal. Faltan los trajes y faltan los tacones; falta el coro de los locos que abultan una cuenta bancaria contra toda medida ulterior. Faltan los motores, las minifaldas, los ruidos, las tetas plásticas, los humos, las puteadas, los gritos, los deseos. Ser libre es serlo de todo, del banco y de la mirada ajena, de los juicios y de la libertad misma, de las exigencias del propio cuerpo, de mamá y de la novia y del examen y del placer, si, del puto y hermoso placer. Ser libre es no temer. Hacer sin hacer, temer sin temer, no ser, que es ser de verdad sin ser absolutamente nada. Ocultarse detrás de una brizna de hierba taoísta y escupir a los ciertos, a esos que saben como es, como se hace, como no se hace, cómo se razona, cual es la realidad, la verdadera fe, el exacto modo, la exacta manera de penetrar lo penetrable. Y lo impenetrable también.
No yo. Perdido entre mis humores anarquistas -pero no tanto-, me cuelgo entre las instancias de una sombra, de una mujer dibujada en la pared, de la levedad de un mosquito. Luego existo, entonces pienso: “¿como llegué a este punto exacto?”… “¿como saldré de este horrible laberinto?”…
Finalmente nos rescata un bondi, muy cerca del último hormiguero-San-Telmo, nos levanta y, entre chapas, nos transporta hasta Quilmes, hasta esas lejanías bonaerenses también vacías, pero dignamente.
Esto es vida, sí. Así es la vida, un bello sinsentido, una tragedia, una sátira, un polvo, el primer polvo, abundante, blanquísimo y espeso como queso crema.
Nos perdimos entre los platos infinitos de un restaurante libre y regresamos a casa en la madrugada del lunes.
Por el momento, zafamos. Pero ya llega el lunes otra vez, y ya todos sabemos que la zanahoria de los lunes es también un dildo gordo, largo y aceitado que apunta al agujero de los agujeros con el ánimo más destructor que todo el porno del utilitario, productivo y corrupto mundo
corrupto, bella palabra- pueda concebir.

Gagging world.

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