Un hombre, una ausencia, un mundo.

El hombre, un vecino, aparece en escena. El ser pasa ampliamente las seis décadas; fuma, pinta, utiliza brochas, rodillos y escaleras; tiene un hermano y varios sobrinos, alquila un departamento frente a mi casa. Ha estado, alguna vez, en mi techo. No sé su nombre.
Media hora más tarde, el hombre ya no está… el hilo de plata se cortó: dejaron de hilarlo.
Una autopista -ruta 8-, una línea amarilla, asfalto, la calle de mi puerta.
Sin el ser el escenario se transforma en un mundo vacío, muerto.
Como la Luna.

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