El futuro es ahora

Parece una consigna Morrisoniana, pero no, es un antiguo grafitti escrachado en una pared de Villa Ortúzar. Luego, todo lo demás: metebombas femeniles fanáticas del Profeta; consignas políticas risibles a la luz de hoy día; la muerte cabalgando la ballena franca; la pobre de Mabel arruinada -¿económicamente?, ¿corporalmente?, ¿espiritualmente?-; personajes célebres en technicolor: Bruce Lee, Walter White -no podría ser en otro color que el azul-, Bob Marley con cara de porro endovenoso… y “Resistir es vencer”… ¿resistir que?: la incomparable e insuperable estupidez humana.
Eones de tiempo, de espacio, de espera. Y golondrinas color café; y amenazas de juicio por mear una pared; un pedido ultra K por la memoria histórica o por la gratuidad del puto balón… uno entiende lo que significa la pluralidad leyendo en la pared. Uno entiende lo que significa la desesperación leyendo en la pared. Y el caos humano, y la desgracia. Y la gratuidad, también, de la libre expresión.
Comenzar el año pateando por Villa Ortúzar rumbo a las pizzas de Santa María es un don de Dios. Y se agradece, desde luego.
Ahora bien, si la Virgen de San Nicolás llora sangre en Avellaneda… ¿será que la original de San Nicolás está ocupada?… ¿o tendrá que ver con todo este asunto modernoso de la “aldea global”?
No sabemos. Nada sabemos.
Pero bueno, al fin llegó la zapi, fugazetta rellena, y también llegó el 2016.
Y, por ahora, todo sigue.

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